¿Nosotras frenamos al estrés o él nos frena nosotras?

Polémico, pero real. Nuestro cuerpo constantemente nos está enviando mensajes, es sólo cuestión de detenernos para escucharlo y si no lo hacemos, las señales aumentan a un nivel que no nos quede otra que DETENERNOS para ESCUCHARLO. Tenemos la opción de no llegar a ese extremo, sólo depende de nosotras.

Pero antes de llegar a ese estrés que nos agota, ¿Cómo te explico que en realidad el estrés no es malo?

Claro, es muy difícil creer esto, cuando sabemos exactamente lo que se siente cuando estamos estresadas y parece de todo, menos bueno.

Llevas todo un día de acá para allá, llevando, trayendo, coordinando, pensando en lo que tenes que hacer, en lo que hiciste, en lo que deberías y bla bla, la velocidad mental que nos genera un día a día desenfocado, no sólo, no nos permite conectar con el momento presente, sino que nos genera ansiedad que se traduce en estrés y que sostenido en el tiempo no es nada bueno para nosotras.

Sin embargo, aunque usted no lo crea, el estrés no es malo. WHAAAT?

De hecho, todo lo contrario. Para protegernos, nuestro cerebro desarrolla mecanismos que se activan de manera rápida y automática y nos permiten reaccionar frente a una situación. 

Por ejemplo, si estás cruzando la calle y ves que un auto no se detiene necesitas del estrés para reaccionar rápidamente e impedir que se genere un accidente.

Lo que nosotras conocemos como estrés es lo que en neurociencia se conoce como estrés tóxico. 

En situaciones normales las células de nuestro cuerpo utilizan el 90 % de la energía en actividades metabólicas, imaginalas como que van tranquilitas por ahí, haciendo sus rutinas de mantenimiento, día tranqui, normal, nada nuevo

Sin embargo, cuando se produce una situación de alarma y estrés, nuestro cerebro envía un mensaje a las glándulas adrenales para que liberen cortisol, hormona que permite que se libere glucosa a la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los músculos, de manera que todas las funciones anabólicas de tejidos se paralizan, y el organismo cambia de metabólico a catabólico para resolver esa situación de alarma. Es decir, que nuestras células que estaban “barriendo”, “limpiando”, “acomodando” en nuestro cuerpito, de golpe salen corriendo porque “se está incendiando algo en la cocina”.

Cuando la situación de estrés es pasajera, los niveles hormonales y los procesos fisiológicos vuelven a la normalidad, o sea, apagan el incendio y vuelven tranquiluchi a lo que estaban y todo sigue paz y amor.

En cambio, cuando el estrés es prolongado, se disparan en el organismo los niveles de cortisol y, al ser el único proveedor de glucosa del cerebro, este tratará de conseguirla por diferentes vías: destruyendo tejidos, proteínas musculares, ácidos grasos o cerrando la entrada de glucosa a los otros tejidos. Es como que se ponen locas nuestras celulitas, sienten que se está quemando todo, están barriendo y tienen que revolear la escoba para ir a apagar incendios en cualquier parte de la casa, de hecho, a veces, ya están tan pasadas, que ven incendios en donde no los hay, pero por las dudas, siempre en alarma, nunca inalarma.

Cuando experimentamos estrés tóxico, tenemos síntomas como el pulso acelerado, la presión arterial elevada, fallas en la memoria y el control inhibitorio, es decir, nuestra capacidad de tomar buenas decisiones, de hacer razonamientos lógicos, de frenar impulsos. Ni te cuento que a largo plazo, el estrés tóxico afecta a nuestro sistema inmune.

Y si, ¿quién puede tolerar estar todo el día en estado de alerta? La posta es que hay un mix de cuestiones que hace que estemos expuestas a mantener estados de estrés constante. 

Una sociedad que nos exige, que nos quiere siempre productivas, que señala con mala cara al descanso, que nos pide todo para ayer y nosotras que fuimos criadas con estructuras que nos enseñaron a sostener, a veces a cualquier costo, sin preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, cómo lo hacemos, ni para qué, desconectándonos para generar siempre hacia afuera sin mirar nunca qué pasa adentro.

¿La buena noticia? Estamos cambiando, nos estamos deconstruyendo y mientras lees esto, entras en conciencia para nunca más permitirte estar estresada buscando, inconscientemente, validar tu esfuerzo.

Hay un universo en el que haces lo que te gusta, lo disfrutas y  tenes tiempo para relajarte y no vivir estresada.

Finalmente, por más amor que nos genere nuestra profesión, nuestro negocio, lo que hacemos todos los días; por más ganas que nos de hacer, hacer y hacer, no olvidemos que lo hacemos, lo hacemos para disfrutar VIVIR y si no vivimos como queremos, ni disfrutamos, ¿Qué estamos haciendo?

Tecito con amichi, mantita en el sillón, comidita rica, día de spa, YEEENDO.

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Autora: @vane.leyba

Soy Licenciada en Administración UBA, especialista en Neurociencia Aplicada UTDT. Emprendo en @bynorth_ . Soy Dire Ejecutiva en ASUG y Partner Country Manager en Cerebrum Latam. Me divierto siendo, mientras voy haciendo, pues #siempreenuna